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[…] Hablamos
con frecuencia de la capacidad crítica del ser humano. Y es verdad. Pero no
es menos cierto que en muchísimas ocasiones somos críticos con lo que “no nos
va” y nos arrojamos en las manos de planteamientos de moda entre los grupos
afines que nos encontramos: cuando nos interesa, hacemos gala de una ausencia
de sentido crítico verdaderamente llamativa.
El sentido crítico es necesario para la conducción de la propia vida. Es la
expresión madura de la cualidad humana de ser principio de las propias
acciones, la actitud de no diluirse en la masa y de cultivar el propio ser
personal, único e irrepetible. Parece que los animales tienen su principio de
operaciones en el medio que les rodea, los humanos actuamos desde dentro:
adaptamos el ambiente a nosotros, así que si dejamos que sea el ambiente el
principio de nuestras acciones... la distancia entre los animales y
nosotros...
También el sentido crítico es la expresión madura de la inteligencia y
la voluntad libre: la que es capaz de aceptar las penas que hay que
pasar para conseguir lo que vale la pena, ¿o la libertad es hacer lo que me
da la gana?
El hombre es dueño de su propia vida: (si es capaz...) Si tiene una voluntad
con la que pueda dominar las propias acciones: (no hago el bien que
quiero sino más bien el mal que no quiero). Si sabe dirigir la vida,
si es capaz de vivirse, y no es “vivido” por las circunstancias y por los
demás (podemos hacer las cosas a tontas y a locas, pero también podemos
hacerlas pensando antes...). Si es capaz de tener un proyecto vital propio,
pensado y propio del hombre... y está comprometido en sacarlo
adelante.
Sentido crítico es ser persona de criterio: conocer las normas que
aseguran el camino de la razón hacia la verdad y ponderar con arreglo a ellas
las deliberaciones y las decisiones. (El sentimiento es el ‘color del
cristal’ con que se mira... y nos engañamos con una facilidad...) […]
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